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Impelido por el agua: un diario de viaje por DC.

Impelido por el agua entra en su etapa de preventa.

Se trata de un diario de viaje escrito a partir de dos semanas en Washington DC y el norte de Estados Unidos, que dialoga con recorridos anteriores, tanto reales como literarios, y prolonga una búsqueda personal iniciada en otros libros.

Agradezco a quienes eligen acompañar este tramo inicial, así como a la editorial argentina Caburé Libros por la confianza y el trabajo compartido.

Argentina
El libro se encuentra disponible en preventa a través del siguiente enlace:
https://caburelibros.ar/product/impelido-por-el-agua

Uruguay y otros países
Quienes estén fuera de Argentina pueden escribirme por privado para coordinar la adquisición.

¡Gracias!

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AMERICA´S FUTURE

Nueva antología de Washington Writers´Publishing House.

El próximo 9 de setiembre se publicará oficialmente America’s Future, una imponente antología bilingüe impulsada por Washington Writers. En sus páginas podrán encontrar mi cuento “Emilio”, junto a una gran variedad de textos valiosos y diversos. La preventa ya está disponible en Amazon. ¡Dense una vuelta!

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La raíz del agua

Acerca de la retrospectiva sobre mi obra poética realizada en el Museo Mazzoni de Maldonado.

Cuando desde el Museo Mazzoni me propusieron la posibilidad de hacer una retrospectiva de mi propia obra, me pareció un poco pretencioso. Soy, aunque no lo parezca, un escritor relativamente joven; en Uruguay hay poetas que llevan más de cincuenta años de trayectoria literaria. Sin embargo, al revisar mi recorrido (tarea que, por fortuna, no suelo hacer), descubrí que hay un camino nada desdeñable: más de una decena de libros publicados en un período de catorce años.

Un poco más confiado, accedí a esta presentación que decidimos titular “La raíz del agua”. La experiencia fue emotiva y, por momentos, alucinante.

Agradezco a Johanna Holt por guiarme en el dificultoso camino de mis propios textos; a Katrine, por enriquecer mis poemas con su voz; a Servando Valero, por su permanente generosidad; a Marcelo Puglia, y a las autoridades del Mazzoni y de la Dirección de Cultura de Maldonado, por el cordial recibimiento.

Y, por supuesto, a todos los presentes que se arrimaron a pesar del frío y de lo incierto que puede ser ir en busca de la poesía en la voz de sus autores.

Gracias.

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“Aguas/ Waters” en Usa.

De vuelta en el invierno, en el sur de mis afectos, empiezo un breve recorrido mental acerca de mis dos semanas en USA. Mucho para decir pero sobre todo, mucho para agradecer. El trayecto de “Aguas/ Waters” fue vertiginoso, sonoro, profundo. Jona Colson, además de ser un traductor excelente, se reveló como un anfitrión detallista, solidario al extremo, perfecto. Pero debo recordar también a Caroline Bock, a Kathleen, a Tom, a Dan Vera… La lista debiera ser mucho más larga, pero de momento no quiero extenderme demasiado. Gracias a los sitios que me cobijaron (Library of Congress; Politics and Prose; The Ivy Bookshop; The Writer´s Center) y a la gente que dio (y da) vida a dichos sitios. Gracias a The Washington Writers´ Publishing House que, a sus 50 años, me ha otorgado el honor de editarme. Gracias a tantos amigos, y gracias (también) a tantos amables desconocidos. El agua seguirá corriendo bajo el puente.

Foto 1: presentación en Politics and Prose.

Foto 2: presentación en The Ivy Bookshop.

Foto 3: presentación en The Writer´s Center.

Julio de 2024.

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Presentación de “Prosperidad”

Presentación llevada a cabo el 13 de octubre en la Biblioteca Morosoli.

Me quedé muy contento y aliviado con la presentación de Prosperidad. Contento por lo vivido, por los increíbles momentos que se suscitaron en esa noche magnífica y en ese sitio entrañable que es la Biblioteca Morosoli. Aliviado, no por las tensiones que acumula toda presentación, sino por su tardanza, por los meses que demoré en asumir que el libro debía ser llevado (y celebrado) ante su público.

Quiero agradecer a toda la gente que se arrimó: a mi amada familia; a los vecinos (de mi barrio y de la biblioteca); a los amigos de siempre (que toleraron con estoicismo verse reflejados en la obra) y a los de ahora, con quienes comparto cada uno de mis textos y mis días. Agradecer al escritor Rafael Massa por una presentación de lujo en la que no quiso dejar nada librado al azar; al cantautor Fabián Laguna que tendió un armónico puente entre sus bellas canciones y mis textos; a la Morosoli, por convertirse en un hogar provisorio y fascinante; a Yazmín Márquez por su gestión diligente en todos esos asuntos que a mí me resultan pesadillescos; y a la editorial que dio cobijo a mi trabajo.

El libro (que era mío) sigue su rumbo, así como las calles de Villa Prosperidad, ajenas a mis huellas, siguen siendo transitadas. He aquí una nueva invitación.

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Sobre “Micaela Moon”

He comentado en diversas ocasiones que Micaela Moon es, sin lugar a dudas, el texto más leído de toda mi producción. No se trata de una virtud específica de la obra, sino de la ferviente y generosa voluntad de algunos profesores amigos que se han encargado de difundirlo (y estudiarlo) en las clases de secundaria. Podría compartir aquí algunas afirmaciones al respecto, pero prefiero dejarles, por el contrario, una serie de preguntas incisivas elaboradas por el siempre curioso (y agudo) Juan Pablo Moresco:

“¿Es el narrador un poeta anónimo que se disfraza a través de un alter ego para trascender su propia soledad, su miedo? ¿Es la lluvia el telón de fondo del sueño, el velo que disfraza la realidad y la trasmuta? ¿El narrador es Micaela Moon, la máscara de un poeta maldito? ¿Es Micaela Moon la hermana menor de Vincent Moon, la parte ignorada de un alma escindida por el miedo y la contradicción de la naturaleza humana?”

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Sobre “La puntada del corredor”

Había llegado a Montevideo en el mes de julio, llovía con intensidad sobre el Aeropuerto Internacional de Carrasco y sintió —cuando puso los pies en la tierra— que el Uruguay era de un gris agresivo, limpio y sustancialmente triste. Viajó en silencio en la parte trasera de un taxi, no por antipatía, sino porque la mampara le parecía una interferencia infranqueable. El camino le mostró el perfil más bello de la ciudad, la rambla montevideana que no lucía sus mejores galas debido a la tormenta que golpeaba con fuerza toda la costa del Río de la Plata. Llevaba las indicaciones de Daniel en el celular, y el taxi lo dejó en la puerta de la pensión de la calle Misiones. Revisó la cama ruinosa antes de dejarse caer en ella y mirar el techo durante una veintena de minutos. La lluvia se escuchaba con una claridad sorprendente y se levantó para verificar que no se estuviera inundando la habitación. El sonido provenía de un pequeño patio interior, inaccesible pero observable desde la ventanita con barrotes. Las rejas de los vecinos dibujaban un lacrimoso recorrido de óxido en las paredes centenarias y el frío se colaba por las destartaladas tablas del piso. No durmió esa noche porque los sueños no se podían materializar en el frío. De pronto un escenario empezaba a configurarse, pero un miedo aterrador lo destrozaba a manotazos. Se sentaba en la cama sabiendo que el abrigo era corto y la noche larguísima.

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Sobre “Se murió con el secreto”

Hace muchos años, una tarde de invierno, visité a un amigo que vivía con su abuela en una de las casas más antiguas de nuestro barrio. Como otras veces pasé a buscarlo y su abuela me recibió con una visible molestia por interrumpir sus telenovelas. Pero en esa ocasión algo había cambiado: la puerta del cuarto de mi amigo estaba cerrada. La señora me conminó a que lo aguardara, al tiempo que dejaba en mis manos un mate tibio, capaz de doblegar los paladares menos exigentes. Lamenté mi situación, que no podía ser peor, y empecé a planificar la retirada, que llevaría a cabo luego de la cortés ingesta del tercer mate cebado por la abuela. Sin embargo, una historia fabulosa, brotada casi sin querer de los agrietados labios de la señora, desbarató mis planes. De todo esto trata “Se murió con el secreto”, tercer cuento de Micaela Moon y otras tentativas. También de un ineficaz y tardío agradecimiento.

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Sobre “El dueño de la pelota”

Escribí “El dueño de la pelota” –segundo cuento de Micaela Moon y otras tentativas– para la diaria, hace ya algunos años. Esa primera versión, bastante rústica y apurada, pasó por el filtro de la depuración hace unos meses, cuando decidí conformar un conjunto de textos que rodearan o sostuvieran a la persistente Micaela Moon. La idea de recuperar sucesos ocurridos en mi adolescencia, especialmente vinculados a la amistad, el fútbol y la violencia se consagra de forma aceptable en este texto. Por otra parte, la inclusión de un forastero que sufre los avatares propios de su condición, responde a una de mis obsesiones recurrentes. Una más.