Hace muchos años, una tarde de invierno, visité a un amigo que vivía con su abuela en una de las casas más antiguas de nuestro barrio. Como otras veces pasé a buscarlo y su abuela me recibió con una visible molestia por interrumpir sus telenovelas. Pero en esa ocasión algo había cambiado: la puerta del cuarto de mi amigo estaba cerrada. La señora me conminó a que lo aguardara, al tiempo que dejaba en mis manos un mate tibio, capaz de doblegar los paladares menos exigentes. Lamenté mi situación, que no podía ser peor, y empecé a planificar la retirada, que llevaría a cabo luego de la cortés ingesta del tercer mate cebado por la abuela. Sin embargo, una historia fabulosa, brotada casi sin querer de los agrietados labios de la señora, desbarató mis planes. De todo esto trata “Se murió con el secreto”, tercer cuento de Micaela Moon y otras tentativas. También de un ineficaz y tardío agradecimiento.


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