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Poesía

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Presentación de “Prosperidad”

Presentación llevada a cabo el 13 de octubre en la Biblioteca Morosoli.

Me quedé muy contento y aliviado con la presentación de Prosperidad. Contento por lo vivido, por los increíbles momentos que se suscitaron en esa noche magnífica y en ese sitio entrañable que es la Biblioteca Morosoli. Aliviado, no por las tensiones que acumula toda presentación, sino por su tardanza, por los meses que demoré en asumir que el libro debía ser llevado (y celebrado) ante su público.

Quiero agradecer a toda la gente que se arrimó: a mi amada familia; a los vecinos (de mi barrio y de la biblioteca); a los amigos de siempre (que toleraron con estoicismo verse reflejados en la obra) y a los de ahora, con quienes comparto cada uno de mis textos y mis días. Agradecer al escritor Rafael Massa por una presentación de lujo en la que no quiso dejar nada librado al azar; al cantautor Fabián Laguna que tendió un armónico puente entre sus bellas canciones y mis textos; a la Morosoli, por convertirse en un hogar provisorio y fascinante; a Yazmín Márquez por su gestión diligente en todos esos asuntos que a mí me resultan pesadillescos; y a la editorial que dio cobijo a mi trabajo.

El libro (que era mío) sigue su rumbo, así como las calles de Villa Prosperidad, ajenas a mis huellas, siguen siendo transitadas. He aquí una nueva invitación.

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Sobre el nacimiento de un poema

Hace muchos años, en una tarde bestialmente lluviosa, me encontraba viajando en un ómnibus hacia el Centro. Probablemente salía de lo que, entonces, era mi primer trabajo y rumbeaba para el taller de escritura de A, cuestión que me ponía especialmente receptivo. En un punto del trayecto, el semáforo en rojo nos detuvo y pude asistir, desde mi llorosa ventana, a un espectáculo fugaz, tan inesperado como sencillo: un niño sonreía tras los ventanales de un edificio, divertido quizás por el ridículo frenetismo de los peatones que huían de las ráfagas de lluvia. Yo iba de pie, pero mi necesidad de capturar el momento para utilizarlo como material de escritura era poderosa. Tomé el celular y escribí la idea: dos perspectivas de la lluvia, los niños y los hombres. La idea germinó, y pronto tuve entre mis manos un poema titulado “Mar descascarado”. Fue el primero que publiqué en mi vida (en El Paso, Texas), y en torno a él creció mi primer libro: Arca de aserrín. Doce años atrás.

Obras

Arca de aserrín (Ed.Con., 2021)




“Nunca lo vi gritar. Siempre me impresionó su boca abombillada, con un bigote como friso, dejando caer palabras a la sordina, cual ventrílocuo inspirado. Usa un volumen bajo pero punzante; creo que la palabra es certero. Los vocablos que emplea no son casuales: suelen constituir metáforas, ironías o simpáticos circunloquios. No habla por hablar. Tampoco escribe por escribir.

En el caso de este libro, es notorio el motivo de la lluvia como recurrencia estética. La lluvia: ese momento en el que se ve con nuevos ojos la realidad: paisaje conocido que, al mojarse, se altera. De poema en poema esas gotas atemperan toda estridencia e imponen una lectura calma, con especial detención en los finales, que son casi haikus (prefigurando la exploración que el autor hará unos años después).

Este libro, que es arca y también aserrín, vale por sus poemas y por sus versos, por su lluvia y sus gotas. Lo no visto se descubre, lo ya visto se resignifica, lo ausente se rememora en estos textos que recomiendo leer en voz alta; no muy alta, a lo Miguel.”

Camilo Baráibar