Acerca de la retrospectiva sobre mi obra poética realizada en el Museo Mazzoni de Maldonado.
Cuando desde el Museo Mazzoni me propusieron la posibilidad de hacer una retrospectiva de mi propia obra, me pareció un poco pretencioso. Soy, aunque no lo parezca, un escritor relativamente joven; en Uruguay hay poetas que llevan más de cincuenta años de trayectoria literaria. Sin embargo, al revisar mi recorrido (tarea que, por fortuna, no suelo hacer), descubrí que hay un camino nada desdeñable: más de una decena de libros publicados en un período de catorce años.
Un poco más confiado, accedí a esta presentación que decidimos titular “La raíz del agua”. La experiencia fue emotiva y, por momentos, alucinante.
Agradezco a Johanna Holt por guiarme en el dificultoso camino de mis propios textos; a Katrine, por enriquecer mis poemas con su voz; a Servando Valero, por su permanente generosidad; a Marcelo Puglia, y a las autoridades del Mazzoni y de la Dirección de Cultura de Maldonado, por el cordial recibimiento.
Y, por supuesto, a todos los presentes que se arrimaron a pesar del frío y de lo incierto que puede ser ir en busca de la poesía en la voz de sus autores.
En el año 2019, por estas mismas fechas, obtuve el Primer Premio de Poesía Espacio Mixtura con mi libro Libreta insomne. En medio de aquel desconcierto tuve la lucidez de pedirle a Ilian Frioni, a la excelentísima profesora Ilian Frioni, que engalanara mi nueva obra con un prólogo de su autoría. Con la generosidad que la caracteriza, inmediatamente dijo que sí, y unos días más tarde el prólogo anhelado estuvo ante mis ojos. Demoras y torpezas en mi comunicación con las autoridades del Premio impidieron que el texto fuera incluido en esa primera (y hasta ahora única) edición. Lo comparto con ustedes, tardíamente, por esta vía.
Prólogo
Libreta insomne es el nuevo libro de Miguel Avero, son sus búsquedas en los umbrales entre el sueño y la vigilia, y es otro perplejo recorrido por la fuerza de su palabra y la contundencia de sus imágenes.
No puedo pensar en Miguel sin pensar en los auténticos poetas románticos, no me refiero a la falacia romántica sino al romántico que se sabe noche con la noche y con la imagen que elabora de la noche.
No hay ingenuidad en su poesía. Desde la reflexión del comienzo, sabe que “la imagen que empieza a construirse en pos de fijaciones, sufre el lento deterioro de sus posibilidades“. Pero también sabe que con su contemplación está construyendo una nueva imagen, una nueva realidad que nos acerca al misterio de las cosas.
Por momentos, la poesía del insomnio se nos volverá hermética, pero se trata de un hermetismo que empatiza con el lector. Nos sorprenderemos pensando, entre la enredadera de versos, a mí me pasa “eso”, “eso” que solo se puede expresar con estas imágenes porque no hay traducción posible para: “es doble el trabajo/en los graneros de la noche”.
Nos iluminan poemas que tienen la fuerza sensitiva y sintética de los haiku, “lo que escribo es hondo”, donde la imagen de plantar el lago es imposible y certera a la vez, y donde la conciencia artística del poeta reconoce saber de la profundidad de su escritura pero no de su magnitud.
La noche lo ha llevado a las preguntas humanas esenciales. No escapan a la noche el tiempo, los recuerdos, la percepción, la experiencia corporal, el olvido. Pero Avero no deja de habitar lo tangible, el mundo de las cosas que conforman la cotidianidad de todos los mortales. La “cosa”, lo que hace a la eternidad de la poesía: la mesa, en torno a la que se construye la casa, la puerta, cuyo color es dudoso, el agua, infaltable en su universo constitutivo. Es lo asible lo que hace posible lo sublime. “Dios en las hojas de los árboles” escribía Novalis.
La cita de José Emilio Pacheco no queda sin respuesta en la reflexión sobre el otro y su dolor: “el acceso a otras estructuras me ha sido denegado”. Pero la soledad del insomne no habita solamente la desesperación: “Sin embargo, no dudo en reconocer que suelo repetir los gestos de tu casa.” Es que este libro, sin verter en un solo verso la palabra “amor”, es esperanzador, porque en la espera está la oportunidad del ángel, del salto, de un nuevo abismo que supone la presencia de algo. El tiempo puede desgastar la piedra, los filtros del olvido y la memoria transformar la materia, la puerta podría haber sido azul o roja, sin embargo… “Tras un destello empezaba a dibujarse el camino de regreso” y “para volver a casa solo necesitamos el olor de los leños”.
Festejo la llegada de este libro a nuestras vidas, porque después de él nuestra percepción del mundo en las noches será más mundo e intensamente nosotros.
Ilian Frioni, 2019
La imagen que acompaña el texto fue creada por medio de una AI (Image Creator).
“Una obra plena, que ofrece una lectura de gran riqueza poética. Avero mantiene verso a verso la tensión dramática, sin descuidar el manejo exigente de las palabras. Se percibe por detrás de lo visible una labor literaria aplicada y consecuente, la cual ha posibilitado la creación de un poemario con hondura emocional y delicado cuidado de las formas. Entre éstas, se destaca la conciencia rítmica y el manejo de los espacios. Son frecuentes en esta obra los versos en los que significante y significado entretejen pasajes impactantes, como los siguientes: “Una orquesta/ merodea. / Una orquesta/ de azadas/ me rodea”. – Eduardo Nogareda (“Hay poetas”).