Reseña de Micaela Moon por Fabián Muniz
“La métrica del haiku no es la natural de nuestro idioma, copioso en octosílabos en las milongas y en las payadas. Sin embargo, cuando leí por primera vez el libro de Miguel Avero y de Leonardo de León, percibí que la dificultad aparente de la composición, el obstáculo que puede representar esa distancia musical, se diluyó en una amalgama única en la que es imposible reconocer dónde termina una voz y comienza la otra. Aquí no hay colores ni trebejos, sino palabras rescatando del vacío a las hojas, avanzando por los múltiples ámbitos del significado.” – Andrea Arismendi Miraballes (prólogo de la obra).
“Una obra plena, que ofrece una lectura de gran riqueza poética. Avero mantiene verso a verso la tensión dramática, sin descuidar el manejo exigente de las palabras. Se percibe por detrás de lo visible una labor literaria aplicada y consecuente, la cual ha posibilitado la creación de un poemario con hondura emocional y delicado cuidado de las formas. Entre éstas, se destaca la conciencia rítmica y el manejo de los espacios. Son frecuentes en esta obra los versos en los que significante y significado entretejen pasajes impactantes, como los siguientes: “Una orquesta/ merodea. / Una orquesta/ de azadas/ me rodea”. – Eduardo Nogareda (“Hay poetas”).
“El libro traza un extraño recorrido por las piezas de esa subjetividad que se aborrece y se busca. Un itinerario dantesco por los reinos de lo doméstico en el que intervienen las lecturas, los rituales, la música, el cine, las periodicidades del cuerpo, la angustia, los metabolismos de la luz y la nostalgia. Avero mira, se mira, pieza por pieza, recorre minuciosamente sus meandros con la paciencia y la desesperación de un orfebre que demuele sus materiales. Se pierde en derivaciones, seducido por la urgencia de hallar lo que de antemano sabe imposible. No teme a combinar elementos de la cultura pop con apellidos propios de la tradición literaria clásica y moderna. Es entendible, por otra parte, que aparezcan referencias a poetas como Teillier y Bukowski. De ambos toma esa mirada que fluctúa entre la degradación y el orgullo, la autocompasión y el heroísmo.” – Leonardo de León (“Una pieza resquebrajada”).
“Y dirás que es antinatural moverse hacia el pasado, o que la infelicidad radica en la mezcla constante de temporalidades. Así como ahora llueve sobre los adoquines de una película argentina, también el cielo parece desplomarse sobre la noche empañada de mi recuerdo. Hablo de las callecitas de Concordia, de una pareja corriendo por las espejadas aceras, una pareja que no existe mientras los veo empaparse, arreglarse el jopo él, secarse el rostro ella; cuatro húmedas manos que han dejado de estrecharse…”
“Micaela Moon trata de la obsesión de un escritor/lector frustrado e improductivo por una hermosa escritora española, veinteañera, niña prodigio, que conoce por Facebook y que puede verse como su cara opuesta: exitosa, prolífera para su edad, ansiosa por conocer mundo (cuando la actitud del protagonista es más bien provinciana y ombliguista) y por relacionarse con los demás (de aquí surgen los celos del narrador por el amigo virtual de Moon llamado André). Esta escritora española promete visitar Montevideo para presentar su último poemario y el protagonista comienza una obsesiva cuenta regresiva hasta el día de la ansiada cita.” – Fabián Muniz (Club de catadores).
“Arca de aserrín es un libro dividido en dos partes (Sin paraguas para los perros y La sombra en el agua), cuya unidad se da más que nada a nivel simbólico. El elemento simbólico privilegiado en el libro es el agua, el cual viene a conformar junto a otros elementos simbólicos relacionados, una multiplicidad de imágenes. El agua además, por su propia naturaleza, no tiene un significado fijo, sino que a través de los poemas el mismo transmuta, se desliza, forma parte de diferentes asociaciones, en algunos casos incluso contradictorias. Sin embargo pueden reducirse todas estas multiplicidades a dos asociaciones primitivas: el agua como devenir, y el agua, en tanto devenir, como vida.” – Hoski (prólogo de la obra).






